Bajo el lema “todo tiene solución” de J.R.C. convivimos 32 usuarios/as y 16 trabajadores en el Centro de Día de nuestra Asociación Desarrollo, cada uno el más importante, con peculiaridades, ritmos, habilidades e intereses de lo más diversos.

Tras una planificación centrada en la persona para ver los objetivos más importantes a trabajar y un encaje de bolillos para agrupar a los chicos/as en grupos donde todos se puedan beneficiar, realizamos una serie de actividades con las que mejorar su calidad de vida.

En un ambiente en el que la flexibilidad y adaptación de los educadores a los distintos perfiles ya está más que superada, los talleres que se realizan tienen la meta de trabajar un sentido de la actividad motivador y satisfactorio, trabajando paralelamente áreas de habilidades motoras y manipulativas, seguimiento de instrucciones, solución de problemas y autonomía. La convivencia y el trabajo en sí conlleva entrenar continuamente habilidades sociales y comunicativas, así como la flexibilidad mental, cada uno a su nivel.

La variedad de nuestros talleres consigue que los chicos/as aprendan nuevas materias y no se estanquen en una sola tarea. Además, cada día tienen una actividad diferente y compañeros/as diferentes para poder convivir con todos/as de una forma adecuada enseñándose entre ellos, ayudándose y comprendiéndose.

Semana tras semana hemos retomado una rutina, rota por la pandemia (hace justo un año sólo podíamos salir de paseo dos horas, cada grupo en parejas, por un lado, distantes, muy distantes). Así, tenemos actividades muy populares como el taller de jabones, el taller de chapas o el taller de pintura en tela, pero sin desmerecer el resto de talleres, igual de importantes, como el de costura que les encanta, el clásico de cerámica que últimamente combinamos con el de jabones, seguimos probando e innovando con talleres nuevos de hamma beads, restauración, música… ¡AY Lo que mueve la música!

Lo importante no es tanto el resultado de los productos, sino el proceso, la manera de trabajar a través del apoyo activo que poco a poco se va quedando en una sombra para hacer que los chicos/as sean más autónomos en sus tareas.

Aunque el resultado también es importante, por el significado de meta, el refuerzo de su esfuerzo que les motiva y anima a seguir trabajando, porque ese trabajo hace felices a muchas personas que en un mercadillo han visto un artículo y les ha gustado para ellos o para regalar, por cada encargo para cumpleaños, bautizos, comuniones o bodas porque aportamos nuestro granito de arena a una fecha importante para una familia (que a su vez valora nuestro trabajo) y todo queda en comunidad, dando visibilidad a nuestras virtudes, no somos sólo un respiro, ¡somos unos chicos y chicas muy trabajadores en un centro  de día muy activo y joven!

Pero esto no es todo, no permanecemos quietos en el centro, sino que nos gusta utilizar los recursos del entorno, vamos a la piscina, centro termal y a un pabellón deportivo del IMD a realizar deporte, cultivamos en un huerto urbano, visitamos cada semana el jardín botánico o toda aquella exposición que nos ofrezca la ciudad y cuando esta maldita pandemia, que tanto daño en especial nos ha hecho, saldremos y aprovecharemos todos los recursos que nuestra ciudad nos ofrece.

¡Saldremos a visibilizar, a concienciar y ,sobretodo, a convivir que de eso es de lo que se trata!